¿Qué sabemos sobre la supuesta relación entre contaminación, clima y coronavirus?


Fuente de la publicación (EITB)

La directora científica del centro multidisciplinar BC3 -Basque Centre for Climate Change, María José Sanz, ha participado en el apartado especial de Coronabulos creado por EITB, donde en un reportaje especial se han ofrecido algunas claves, basadas en estudios, donde se trata de explicar la supuesta relación entre la contaminación, el clima y el coronavirus. Sanz, por su parte, ha facilitado un informe detallado donde explica las claves de esta relación basándose en los últimos estudios.

Puedes acceder al reportaje completo en el siguiente enlace

Publicación original en EITB

Diversos estudios científicos publicados en 2019 y 2020, realizados en países como Corea del Sur, China, Estados Unidos, Italia, España, Francia y Alemania, han encontrado correlaciones entre la calidad del aire (contaminación atmosférica) y la incidencia de enfermedades víricas tipo SARS y COVID-19, de modo que la población que vive en zonas con altos niveles de contaminación atmosférica tendría más probabilidad de sufrir sus peores efectos.

El Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio (Center for Research of Energy and Clear Air, CREA) ha compilado las recientes investigaciones científicas que sugieren que la contaminación empeora los efectos y aumenta el riesgo de contraer el COVID-19.

Desde la iniciativa #Coronabulos puesta en marcha por EiTB para poner freno a las noticias falsas que surgen alrededor del nuevo coronavirus, nos hemos puesto en contacto con la doctora en Ciencias Biológicas y directora científica del Centro Vasco para el Cambio Climático (Basque Centre for Climate Change, BC3), María José Sanz, para conocer más sobre este tema.

Según la experta del BC3, los recientes estudios al respecto señalan que:

Punto A. Algunos contaminantes, en particular el material particulado más conocido como PM por sus siglas en inglés (Particulate Matter), podrían actuar como portadores de virus viables.

Punto B. La exposición a niveles altos de contaminación predispone al individuo a la infección o a una mayor severidad de la misma.

Respecto al punto A, Sanz considera que “está por determinar la viabilidad del virus en estas superficies“, y recuerda que, tal como advierte la Organización Mundial de la Salud (OMS), “es importante tener en cuenta que la detección de ARN en muestras ambientales basadas en detección del genoma del virus por PCR no es necesariamente indicativa de virus viables que puedan ser transmisibles“.

En cuanto al punto B, la directora del BC3 confirma el debate existente sobre la predisposición a la infección por individuos con patologías previas o exposición a otros agentes que puede afectar al organismo, como la calidad del aire que respiramos.

No obstante, subraya que “la capacidad de este coronavirus para unirse a partículas contaminantes aún no se ha establecido”, y que, por tanto, “hacen falta más estudios que sirvan para determinar si en realidad hay una causa-efecto”.

En este contexto, “son bien conocidas las respuestas pro inflamatorias y la alta incidencia de afecciones respiratorias y cardíacas relacionadas con la contaminación atmosféricas“, apunta Sanz.

Así, la OMS estima que el 91% de la población mundial vive en lugares donde la calidad del aire está por debajo de los niveles de referencia, y que la contaminación del aire exterior causa alrededor de 4 millones de muertes prematuras cada año, tal y como se puede leer en su página web.

De igual forma, el estudio Global Burden of Disease Study de 2017 muestra que, a nivel mundial, la contaminación del aire es responsable del 18 % de las enfermedades derivadas de la diabetes; del 14 % del cáncer de pulmón; el 34 % de enfermedad pulmonar obstructiva (EPOC), de un 11 % de los enfermedades de corazón y del 7 % de los infartos.

En la otra cara de la moneda, Sanz también destaca que las medidas tomadas para detener el avance del SARS-COV-2 han traído consigo “la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y a una mejora de la calidad del aire, en particular en las ciudades.

En definitiva, la lucha contra la contaminación atmosférica y ambiental debe considerarse como parte de un enfoque integrado para el desarrollo sostenible, la protección de la salud humana y la prevención de la propagación de epidemias“, concluye la doctora en Biología.

María José Sanz también trató este mismo tema en los micrófonos del programa La Mecánica del Caracol de Radio Euskadi del 6 de mayo. Su intervención se puede escuchar a partir del minuto tres del programa.

Ni el calor ni el frío son remedios contra el coronavirus

En lo referente a la influencia de los factores climáticos en la propagación de la COVID-19, aunque una de las hipótesis con las que está trabajando la comunidad científica es que el calor puede atenuar sus efectos, no existen aún evidencias para afirmarlo.

En ese sentido, la Organización Mundial de la Salud señala que el nuevo coronavirus puede transmitirse en zonas con climas cálidos y húmedos. Según la OMS, las pruebas científicas obtenidas hasta ahora indican que “puede transmitirse en cualquier zona, incluidas las de clima cálido y húmedo“. Por lo que “exponerse al sol o a temperaturas superiores a los 25 ºC no previene la enfermedad por coronavirus“, recuerda.

Lo mismo sucede con las temperaturas más bajas, ya que “el frío y la nieve tampoco pueden matar el nuevo coronavirus“. “La temperatura normal del cuerpo humano se mantiene en torno a 36,5 °C y 37 °C, con independencia de la temperatura exterior o de las condiciones meteorológicas. Por lo tanto, no hay razón para creer que el frío pueda matar el nuevo coronavirus o acabar con otras enfermedades“, finaliza la OMS.

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